¿De dónde viene la obra? ¿Qué azar, qué ínfimo episodio dará comienzo a la cadena de la creación? (...) No escribiré más sobre iluminaciones porque son muy misteriosas y porque yo no las entiendo más de lo que puedan entenderlas mis lectores. Me fascinan, eso es todo.

sábado, 2 de junio de 2018

Poesía de Ciencia Ficción: Las ovejas radiactivas de Kolimá

LA PLEGARIA DEL COSMONAUTA



El cosmonauta ha perdido el lenguaje:
ya no espera que un eco le conteste
cuando anuncia sin voz la belleza del vacío.
Ninguna esquina hay. el Universo
no tiene asideros para las palabras, y el lenguaje
sobra
donde solo la vibración del alma es posible
y solo
la trémula invocación de las células cuánticas
y solo
el relámpago de la emoción y del vértigo
que sigue la órbita de todos los planetas.
Para qué el lenguaje
piensa el cosmonauta
si no hay texto
si no hay sílabas que puedan transmitir
esto que ven mis ojos.
Qué inútil el lenguaje
cuando la mente está llena de infinito
y el corazón va a reventar de gozo
y de estupor
pero entonces:
¿Cómo hacer que me crean los otros seres?
Si no encuentro
si no doy con la forma correcta del mensaje
si no dé hablar el idioma del arcano
cómo hacer que lo entiendan
si nunca han estado suspendidos
en el más absoluto desamparo
lejos del azul y de la atmósfera y de sus propias vidas.
Es esta sin duda una guerra inútil
la del lenguaje contra la belleza
la del silencio contra el asombro
y por eso
porque sé que he perdido esta batalla
me es imposible dejar de hablar.


Del libro "Las ovejas radiactivas de Kolimá" (Viento Verde, Editorial Cazador de Ratas, 2018)

domingo, 9 de julio de 2017

A LAS CUCARACHAS LES GUSTA LA MADRUGADA.




Cuando era pequeña, una cucaracha entró volando por la ventana de mi cuarto y se estrelló contra mi frente. Yo vivía en una casa de planta baja, cerca del mar.
Con los años fui desarrollando una especie de superpoder que consistía en intuir la presencia de las señoritas nocturnas. En la oscuridad, era capaz de oír el fru frú de sus excursiones por las habitaciones. Si habían conectado un aparato de ultrasonido, oía su aleteo desesperado, su agonía bajo mi cama.
Durante años me libré de ellas, porque huí a un clima más frío y seco. Pero, al final, regresé a la costa. Ellas volvieron a mi vida.
Aprendí a matarlas  de forma discreta, con la luz de la linterna de mi móvil y un único golpe certero –para que mi hija de cinco años no se despertase con el jaleo-. Aprendí que la eficacia residía en el hecho de no tener miedo, de vencer el asco.
Luego conocí los textos de la escritora rusa Anna Starobinets, que en uno de sus cuentos planteaba una hipótesis terrorífica y genial. Una familia decide que, para que una especie se extinga, tiene que ser porque el ser humano la consuma. Así ha sido siempre. Y por qué no iba a cumplirse esa premisa con las cucarachas. Deciden, pues, consumirlas. Cocinarlas. Incluirlas en la dieta.
Wall-E tenía una amiga cucaracha biomecánica. Era encantadora.
Luego está Gregor Samsa, aunque quizá él era más bien un escarabajo (los escarabajos son divertidos).
La cuestión es que la cucaracha resulta ser una criatura de lo más literario. Cada una de ellas encierra en sí misma una pequeña historia de terror.


martes, 24 de enero de 2017

Antes de todo lo que vino después

Todo escritor tiene ese momento, esa juventud, esas imágenes que luego serán los cimientos de su vida madura. Cómo iba Carson a saber, posando con su hermana, que cien años después de nacer ella, en 2017, íbamos a celebrarlo con tantísimo entusiasmo. Dos hermanas. Dos destinos relacionados. Un centenario.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Los que sabemos que en esta vida no vamos a viajar, al fin, al espacio exterior, tenemos que conformarnos con escribir relatos de Sci fi. Pero huyamos de las etiquetas. Steampunk, militarismo, distopía, opera… ¿Todas esas categorías se han creado para guiar a los lectores o para encorsetar a los escritores? ¿Quién marca las reglas? Y sobre todo: ¿Se puede renunciar a las etiquetas sin que se te eche la casta encima?

domingo, 11 de agosto de 2013

Querida Carson McCullers: 
A qué llamamos vacío. Al espacio, pero el espacio está lleno de cosas. Lo bueno de ser una escritora de SCIFI es que te preguntas de cuántas formas podría matarnos la belleza. No estamos hechos para vivir fuera de nuestro planeta. Pero queremos hacerlo. Podríamos hacerlo. No hacerlo sería estúpido. Como el gato que ve un ovillo y vuelve la cara y sueña con el ovillo, y tarde o temprano volverá a él. 

lunes, 15 de abril de 2013

Una niña sola en la hierba


¿Qué es una obra que inspira a otra? Tal vez como una semilla que engendra otra semilla más impura, pero es esa impureza la que me resulta interesante. Transformar la soledad que inquieta en otra soledad más ingenua, en ese camino prácticamente sin contaminar que es la primera infancia. La hierba es la hierba para todos. Wyeth, en su mítica pintura sobre Cristina, quiso retratar la enfermedad y el coraje. Donshosho, cuyo nombre ni siquiera será su nombre, retrata otra cosa. Quizá ese emblema de todas las culturas, de todos los estados de ánimo, que es la niña sola. Vemos a una niña sola y no sabemos qué sentimos. Pero ella. Como si no necesitara nuestra ayuda. Imagínate de veras, querida Carson, que no la necesitara. Que hubiese triunfado la magia sobre la vulgaridad de la evidencia. Que no importara hacia dónde se dirige, sino sólo la simple verdad de que, para bien o para mal, está ahí. 

martes, 29 de enero de 2013


JOVEN CON MIEDO MURMURA



Ya vienen los aleutianos:
mi pobre corazón está preñado
de miedo.

Vienen en grandes barcas recortadas
entre el hielo.

Vienen con su codicia y su lujuria.

Ya vienen los aleutianos:
mi pobre corazón está preñado
de espanto.

Llora mi pueblo ante el viento del norte
que nos trae su hedor.
Los aleutianos
esposos de la tierra sin hogares
vienen tristes, vienen
porque están solos
y añoran el follaje y el verdor
de nuestros valles.

Pero traen también cuchillos y con ellos nos convencen
para que hagamos cosas
que no queremos.

Traen también monedas. Su dinero
es sucio
y está manchado de sangre lejana.

Ya vienen, vienen y tengo miedo
y aún así sabré
ser valiente cuando llegue el momento
y vea sus mástiles
helados atracando en la playa.

De El polizón desnudo (El Gaviero Ediciones, 2009)

lunes, 8 de octubre de 2012

Ya está (casi) aquí. Mi viaje por el microrrelato. Compartiendo camarote con ellos. Sonora, el tiburón, Dreyfuss, Malinowsky, los licántropos, los que aman. Todos se dan cita en Kiriwina.

sábado, 19 de mayo de 2012

EMPATÍA POR LOS PERSONAJES

Querida Carson:
No tengo más remedio que sentir un gran respeto por mis personajes.  Quién sabe qué sentirán, ahí encerrados en su propia historia. Ahora, por ejemplo, pienso en tres chicas adolescentes. Nunca ha podido ver un libro de mitología en condiciones. ¿Qué significa vivir a la sombra de un tabú? ¿Cuánto mide lo desconocido para ellas? ¿Qué nombres tiene el dolor?

TERMITAS, ELEFANTES

Querida Carson:
Al parecer se ha acuñado la expresión "termitas contra elefantes" para referirse al antagonismo entre artistas que buscan las esquinas olvidadas y hablan a media voz, y los artistas que arman ruido, que buscan el premio o la fama y ser intachables y respetados... aunque es una clasificación algo forzada, reconozco que me atrae, sobre todo lo de ser termita (por cierto me encantan los elefantes, por desgracia a menudo se les asocia con valores dudosos como torpeza, grandiosidad ridícula, o con ser un estorbo). Me gusta de las termitas que saben por dónde entrar a una casa, y no lo hacen por la puerta principal. Buscan esquinas insólitas. De la misma manera, el narrador busca entrar al relato por la cocina, por la despensa, por el desván, aunque no lo consiga, aunque se caiga en el intento. Es una idea bella, si bien es cierto que la invasión de termitas resulta bastante desagradable, si esas termitas fuesen las palabras sería una idea algo más llevadera.
Pero si hay que hacer caso a Farber en su ensayo "arte termita contra arte elefante blanco", está claro de qué lado me posicionaré. A pesar de ello, sigo reivindicando el derecho de los elefantes a ser utilizados como símiles constructivos (¿por qué no decir que tienen una memoria prodigiosa, que igual que ellos encuentran el agua tal y donde quedó el año pasado, el escritor será capaz de encontrar su tono, o su lenguaje, por muy perdido que parezca, por mucho cansancio o mucha tristeza o mucha crisis?)
En fin, nos queda el consuelo de ponernos a pensar a cuántas termitas conocemos.

domingo, 13 de mayo de 2012

Hay libros que sólo pueden ser de una manera. Hay libros cuya vida irá mucho más allá de su propia edición e incluso de la propia existencia del autor. Tienen vida propia, aunque la semilla que los creó sea siempre un pedazo de la vida de alguien. FAULA, LA HORA DEL VACÍO , de Begoña Callejón, es un libro largamente deseado, que cuenta con unas ilustraciones que, precisamente, le hacen ser lo que es. Una impronta más que Begoña deja a sus lectores, que cada vez son más.

jueves, 13 de octubre de 2011

Querida Carson:

Me gusta pensar que el mundo de la creación no tiene nada que ver con el mundo de la industria editorial. Que la inspiración huye de las oficinas. Y sin embargo, el escritor mismo contiene dentro de sí estos dos mundos, como parte necesaria de su carrera, y ambos los tiene que afrontar haciendo uso de ciertas cualidades comunes. Todas acaban en "on", y juntas forman un peligroso ripio: tesón, ilusión, tolerancia a la frustración.... Es un ripio necesario, sin duda. Puede que las musas no se paseen por las oficinas o por los despachos de los editores, pero nosotros sí, nosotros, como criaturas que rebosan ideas, que al final acabaremos vendiendo como lo haría cualquier comercial. Nadie puede (ni debe) permanecer ajeno a este desdoblamiento. No es hora de refugiarse en la ingenuidad, sino de seguir creyendo, desde la sabiduría, de continuar la minúscula guerra zen que nos hemos montado en un campo de batalla invisible, que sólo nosotros acertamos a ver. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

ALDEA PEREZA


Un ejército de mercenarios invade Aldea Pereza. Ninguno de los nativos mueve un dedo por defender el hogar. Los mercenarios miran, incrédulos, cómo los vecinos dormitan al amparo de las sombras y bostezan ante la evidencia del saqueo. Sólo el alcalde consigue levantar un dedo tímidamente acusador ante los invasores, y balbuce unas palabras para decirles, básicamente, que la infección que padecen es contagiosa y muy rápida.
A los mercenarios no les da tiempo a comprender. Al poco, caen exhaustos bajo el peso de las arcas repletas de monedas.
Dentro de un tiempo, preocupado por su ausencia, el rey que contrató a los mercenarios enviará otra horda a Aldea Pereza  para averiguar qué ha ocurrido, y todo volverá a empezar. 

viernes, 8 de octubre de 2010

La Balada del Café Triste


Como tú misma dijiste:
La calle Sand de Brooklin siempre me trajo dulces recuerdos, impregnada como estaba de las memorias de Walt Whitman y Hart Crane, y fue en un bar de la calle Sand, en compañía de W. H. Auden y de George Davis, donde vi a una pareja extraordinaria, que me fascinó. Había una mujer alta y fuerte como una giganta y, pegado a sus talones, un jorobadito. Los observé una sola vez, pero fue al cabo de unas semanas cuando tuve la iluminación de La balada del café triste. Su bendita luz hizo que me pusiera de nuevo a escribir.