¿De dónde viene la obra? ¿Qué azar, qué ínfimo episodio dará comienzo a la cadena de la creación? (...) No escribiré más sobre iluminaciones porque son muy misteriosas y porque yo no las entiendo más de lo que puedan entenderlas mis lectores. Me fascinan, eso es todo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Los que sabemos que en esta vida no vamos a viajar, al fin, al espacio exterior, tenemos que conformarnos con escribir relatos de Sci fi. Pero huyamos de las etiquetas. Steampunk, militarismo, distopía, opera… ¿Todas esas categorías se han creado para guiar a los lectores o para encorsetar a los escritores? ¿Quién marca las reglas? Y sobre todo: ¿Se puede renunciar a las etiquetas sin que se te eche la casta encima?

domingo, 11 de agosto de 2013

Querida Carson McCullers: 
A qué llamamos vacío. Al espacio, pero el espacio está lleno de cosas. Lo bueno de ser una escritora de SCIFI es que te preguntas de cuántas formas podría matarnos la belleza. No estamos hechos para vivir fuera de nuestro planeta. Pero queremos hacerlo. Podríamos hacerlo. No hacerlo sería estúpido. Como el gato que ve un ovillo y vuelve la cara y sueña con el ovillo, y tarde o temprano volverá a él. 

lunes, 15 de abril de 2013

Una niña sola en la hierba


¿Qué es una obra que inspira a otra? Tal vez como una semilla que engendra otra semilla más impura, pero es esa impureza la que me resulta interesante. Transformar la soledad que inquieta en otra soledad más ingenua, en ese camino prácticamente sin contaminar que es la primera infancia. La hierba es la hierba para todos. Wyeth, en su mítica pintura sobre Cristina, quiso retratar la enfermedad y el coraje. Donshosho, cuyo nombre ni siquiera será su nombre, retrata otra cosa. Quizá ese emblema de todas las culturas, de todos los estados de ánimo, que es la niña sola. Vemos a una niña sola y no sabemos qué sentimos. Pero ella. Como si no necesitara nuestra ayuda. Imagínate de veras, querida Carson, que no la necesitara. Que hubiese triunfado la magia sobre la vulgaridad de la evidencia. Que no importara hacia dónde se dirige, sino sólo la simple verdad de que, para bien o para mal, está ahí. 

martes, 29 de enero de 2013


JOVEN CON MIEDO MURMURA



Ya vienen los aleutianos:
mi pobre corazón está preñado
de miedo.

Vienen en grandes barcas recortadas
entre el hielo.

Vienen con su codicia y su lujuria.

Ya vienen los aleutianos:
mi pobre corazón está preñado
de espanto.

Llora mi pueblo ante el viento del norte
que nos trae su hedor.
Los aleutianos
esposos de la tierra sin hogares
vienen tristes, vienen
porque están solos
y añoran el follaje y el verdor
de nuestros valles.

Pero traen también cuchillos y con ellos nos convencen
para que hagamos cosas
que no queremos.

Traen también monedas. Su dinero
es sucio
y está manchado de sangre lejana.

Ya vienen, vienen y tengo miedo
y aún así sabré
ser valiente cuando llegue el momento
y vea sus mástiles
helados atracando en la playa.

De El polizón desnudo (El Gaviero Ediciones, 2009)

lunes, 8 de octubre de 2012

Ya está (casi) aquí. Mi viaje por el microrrelato. Compartiendo camarote con ellos. Sonora, el tiburón, Dreyfuss, Malinowsky, los licántropos, los que aman. Todos se dan cita en Kiriwina.

sábado, 19 de mayo de 2012

EMPATÍA POR LOS PERSONAJES

Querida Carson:
No tengo más remedio que sentir un gran respeto por mis personajes.  Quién sabe qué sentirán, ahí encerrados en su propia historia. Ahora, por ejemplo, pienso en tres chicas adolescentes. Nunca ha podido ver un libro de mitología en condiciones. ¿Qué significa vivir a la sombra de un tabú? ¿Cuánto mide lo desconocido para ellas? ¿Qué nombres tiene el dolor?

TERMITAS, ELEFANTES

Querida Carson:
Al parecer se ha acuñado la expresión "termitas contra elefantes" para referirse al antagonismo entre artistas que buscan las esquinas olvidadas y hablan a media voz, y los artistas que arman ruido, que buscan el premio o la fama y ser intachables y respetados... aunque es una clasificación algo forzada, reconozco que me atrae, sobre todo lo de ser termita (por cierto me encantan los elefantes, por desgracia a menudo se les asocia con valores dudosos como torpeza, grandiosidad ridícula, o con ser un estorbo). Me gusta de las termitas que saben por dónde entrar a una casa, y no lo hacen por la puerta principal. Buscan esquinas insólitas. De la misma manera, el narrador busca entrar al relato por la cocina, por la despensa, por el desván, aunque no lo consiga, aunque se caiga en el intento. Es una idea bella, si bien es cierto que la invasión de termitas resulta bastante desagradable, si esas termitas fuesen las palabras sería una idea algo más llevadera.
Pero si hay que hacer caso a Farber en su ensayo "arte termita contra arte elefante blanco", está claro de qué lado me posicionaré. A pesar de ello, sigo reivindicando el derecho de los elefantes a ser utilizados como símiles constructivos (¿por qué no decir que tienen una memoria prodigiosa, que igual que ellos encuentran el agua tal y donde quedó el año pasado, el escritor será capaz de encontrar su tono, o su lenguaje, por muy perdido que parezca, por mucho cansancio o mucha tristeza o mucha crisis?)
En fin, nos queda el consuelo de ponernos a pensar a cuántas termitas conocemos.